¿SABES EN QUÉ SE PARECEN LAS MICROEMPRESAS Y LOS INSECTOS?

Sin duda te resultará resulta extraña la comparación, pero, por más que se los intentara eliminar, sería imposible.

Así que, si la analizamos con objetividad y sin ánimo peyorativo, esa expresión resulta más bien un homenaje a su supervivencia, no como individuos ciertamente, pero sí como especie.

Las microempresas, si no logran evolucionar a la par que las necesidades, ‒siempre cambiantes de su clientela‒ y su creador no lograra institucionalizarlas, en su mayoría desaparecerán antes de que su fundador fallezca, por lo que es indudable que a nivel individual mueren en grandes cantidades y con gran rapidez.

Pero a diferencia de los insectos, cuyo cuerpo se hace polvo, no sucede lo mismo con el alma de las microempresas, es decir: con su creador y responsable de su existencia (con el empresario o emprendedor) porque éste suele sobrevivir a varios emprendimientos fallidos.

Cuando una microempresa muere, el empresario generalmente es capaz de empezar de nuevo, porque su espíritu emprendedor, lejos de debilitarse o desaparecer, se fortalece cada vez más, porque esa es su esencia. Es “antifrágil”, como diría  Nassim Nicholas Taleb, el autor del libro que lleva ese mismo título, y quien con ese novedoso concepto designa a los seres vivos que tienen la capacidad de volverse más resistentes y adaptables ante los cambios. Según Taleb, lo resiliente o elástico resiste los traumas y permanece igual; mientras que lo antifrágil es cada vez mejor. Así es el empresario.

Además de la antifragilidad, habrá que tomar en cuenta la experiencia que es, según mi propia definición, la suma de los errores cometidos o de los fracasos vividos, pero pero con una condición: que se haya aprendido algo de ellos. Por eso hay que reconocer y valorar esa virtud antifrágil del empresario y no calificarlo negativamente si fracasa en una o más de sus empresas. Debe tener y tiene el privilegio de volver a empezar y hacerlo cada vez mejor.

Pero para encontrar las maneras de lograr la supervivencia de las empresas habrá que orientar nuestras miradas separadamente hacia afuera y hacia adentro de la misma ; ver “puertas afuera” tiene que ver con su mercado, su competencia y el entorno; ver “puertas adentro” empieza con el responsable de que la empresa exista: lo que es, lo que hace, para qué lo hace y cómo lo hace.

Respecto a lo que es ese responsable, debemos empezar por diferenciar al emprendedor del empresario. Dicho de la manera más simple y a reserva de ampliarlo más adelante, el primero es el que inicia y el segundo es el que mantiene.

El emprendedor no necesariamente tiene que iniciar un negocio, porque su emprendimiento puede ser una exploración, un proyecto de investigación o una obra filantrópica, por ejemplo; el empresario, por su parte, no siempre encabeza un negocio porque, como veremos, no todas las empresas lo son, pero quedémonos con esa acepción por lo pronto.