SABER DELEGAR ES TAN SENCILLO COMO EL 1,2,3

Decía en mi blog anterior que la clave de saber delegar consta de dos elementos: el quién y el cómo.

Respecto del quién, demos por sentado que, dadas las diferencias entre individuos, siempre habrá más de uno que tenga la capacidad de hacer las cosas mejor, incluso, que el jefe mismo. Pero, como cada persona es un mundo y cada quién hará las cosas a su manera, también terminé diciendo que la clave está en el cómo delegar, que es una trilogía integrada por: claridad, firmeza y flexibilidad.

Lo que se delega es una tarea; se comparte la carga de trabajo y se distribuye el riesgo de las decisiones operativas. Pero la responsabilidad máxima sigue siendo del jefe o Director General CEO o como se le llame.

Eso no quiere decir que al delegado se le exima de responsabilidades. También tiene su cuota correspondiente; pero aun así, el titular de la conducción del negocio sigue siendo el responsable final; incluso por la forma en que delegó, mantuvo o estableció los procedimientos u observó los controles necesarios.

Puesto que no sólo la responsabilidad máxima, sino el interés supremo de la suerte que corra la empresa es del que está en la punta de la pirámide organizacional —quien muchas veces es el fundador y dueño de ese patrimonio—, es el único que puede y debe establecer con claridad sus objetivos: para qué existe (lo que le confiere su razón de ser o de existir); valga decir, la satisfacción de qué necesidades de su clientela. (Entre paréntesis diré que a esto se refiere el Enfoque de Demanda, que ya he descrito en blogs anteriores y otros escritos). De esa manera resulta que el primer elemento de la trilogía del cómo delegar es establecer con claridad los objetivos.

El segundo elemento de la trilogía es actuar con firmeza, no sólo en la observancia de los objetivos, sino también en el cumplimiento de las normas legales o administrativas (que ya les habrán debido quedar claras); es decir, en los principios. De esa manera puede estar (y dormir) tranquilo.

Solamente así se puede dar el lujo de ser extremadamente flexible en los procedimientos y reconocer, respetar y aprovechar las ampliar diferencias entre sus colaboradores (que siempre harán las cosas “a su manera”; y en esto se basa el tercer elemento de la trilogía.

Si el CEO tiene a toda su organización alineada en sus objetivos (los de él, no los de ellos) y fieles observantes de los principios claramente establecidos, habrá dado el primer y fundamental paso para la institucionalización de su empresa. Y a eso dedicaremos algunas reflexiones en lo sucesivo.

Así que, para resumir, quien sabe delegar es: 1) claro en sus objetivos, 2) firme en los principios y 3) flexible en los procedimientos.