QUÉ SIGNIFICA EL SEGUNDO PISO PARA LA BANCA DE DESARROLLO

NO ES MERO DESCUENTO DE CRÉDITOS

Al referirse a la función de segundo piso para la banca de desarrollo se interpreta que este tipo de banca se limita o debe limitarse al descuento de créditos, del mismo modo que se puede caer en el simplismo de calificar como banco de desarrollo de segundo piso a cualquier mecanismo de mero descuento de créditos; si así fuera, habría que llamarla banca de descuento, más que de segundo piso. Para decirlo llanamente, la esencia del llamado “segundo piso” en un banco de desarrollo está en su carácter inductor, en hacer que otros hagan o, dicho de otro modo, en asumir una función subsidiaria y no competitiva; de servicio y no de autoridad.

Más adelante me referiré con amplitud a estos conceptos, pero me interesa destacar, de entrada, que ser de segundo piso permite que los gobiernos sigan siendo los dueños de los bancos de desarrollo para que éstos no pierdan su vocación, a la vez que se establece un filtro con los intermediarios para evitar o atenuar los riesgos de una excesiva o inadecuada politización y la consecuente des-tecnificación y descapitalización de esas instituciones.

Por contra, esta modalidad establece un binomio positivo que trae aparejado un efecto sinérgico –cuyo resultado es mayor que la suma de sus partes– significado por el hecho de que, de ese modo, el banco de desarrollo involucra a todo el sistema financiero en el financiamiento del desarrollo; en lo sucesivo, éste se convierte en una responsabilidad compartida, no polarizada. No se piense por ello que así todo resulta fácil. Se trata nuevamente de un proceso que afecta, de raíz, muy arraigados rasgos culturales del sistema financiero y del propio banco de desarrollo.

Entendida la esencia del segundo piso como una función eminentemente inductora, se comprende que puede abarcar cualesquiera de las actividades que emprenda el banco de desarrollo, sean éstas (desde luego) el otorgamiento de créditos, o bien la aportación de capital, la capacitación, la asistencia técnica o la captación de recursos. No se trata, como en el caso de un banco de desarrollo de primer piso, de suplir o desplazar a los demás bancos en las funciones que les son propias pero que no atienden, sino de orientar su atención en la dirección que requiere el desarrollo y, así, acelerar y generalizar el proceso.

Cuando un banco de desarrollo actúa en el primer piso, suele sucumbir a la tentación de abaratar el crédito, aun perdiendo su patrimonio, con tal de generar demanda en los campos que se propone con un enfoque de oferta. Actuando en el segundo piso, se ve impulsado a responder adecuadamente a las necesidades que le plantean, tanto su clientela directa (los intermediarios financieros) como la indirecta (las empresas), conforme al enfoque de demanda.

Frente a la rivalidad y conflictos de interés con el resto del sistema financiero que se generan por la actuación de la banca de desarrollo de primer piso, en el modelo que nos ocupa se da entre ambos una colaboración, no espontánea ciertamente, pero genuina y de carácter permanente. Esto es así, porque los primeros no se sienten amenazados por un monopolio del Estado que tienda a marginarlos, sino animados por una entidad amigable que les muestra el camino y les genera negocios. Lo anterior no significa, de ninguna manera, que deba evitarse la competencia; sólo que ésta debe darse y fomentarse entre ellos mismos: con los bancos entre sí y entre éstos y los intermediarios financieros no bancarios, pero no entre la banca de desarrollo y el resto del sistema financiero, lo cual los antagoniza.

Un esquema de banca de desarrollo así concebido es más efectivo porque produce un efecto multiplicador. Toma ventaja de la capacidad instalada en cuanto a personal, sistemas y ventanillas de los intermediarios y la potencia. En ese sentido, se asemeja a un sistema de franquicias en que, para lograr el mismo resultado de otra manera, se requeriría de recursos en tiempo, esfuerzo y dinero en magnitudes fuera del alcance de los promotores. Visto así, el resultado jamás podría ser el mismo.

Decía líneas atrás que la banca de desarrollo de segundo piso no limita su acción al descuento de créditos, porque su carácter inductor la lleva a propiciar, por ejemplo, el surgimiento de sociedades de inversión en capital de riesgo, a participar en el diseño y puesta en marcha en las universidades, de cursos o carreras especializadas en el financiamiento del desarrollo, o a la constitución de nuevos instrumentos o entidades financieras. En un esquema de banca de desarrollo de primer piso es ésta misma la que tiende a abarcar todos los terrenos, con riesgo de caer en el gigantismo y, cuando no lo pretende, no encuentra la respuesta entusiasta de sus interlocutores, que siempre sospecharán de la sana intención de estas propuestas o las encuentran ajenas.

Un banco de desarrollo de segundo piso, lejos de ver amenazada su existencia, encuentra cumplido su propósito cuando maduran las iniciativas que ha inducido. Vive en un permanente proceso de innovación, encontrando cada vez nuevos nichos de necesidades no atendidas adecuada o espontáneamente por el mercado. Siendo esta clase de banca la que genera su propia competencia, nunca ve amenazada su razón de ser; en última instancia, más que tender a desaparecer, evoluciona con el desarrollo de su país y se mantiene, a su vez, como la banca más avanzada. No es una banca reactiva, es una banca proactiva.

Estos y otros conceptos sobre banca de desarrollo los trato en mi libro: “El fin de la banca de desarrollo”

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  • Muy buen artículo Jesús, con amplio conocimiento del tema muy necesario tu consejo a la nueva administración y evitar inventar el agua tibia pero si efectivamente impulsar mejoras a la participación de la banca de desarrollo en México.

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