QUÉ NO ES INSTITUCIONALIZAR UNA EMPRESA – Para qué hacerlo (1/3)

Cuando la aspiración de un empresario es que su legado le perviva, cuando necesita urgentemente repartir la carga que significa manejar su negocio, estará pensando o requiriendo, quizá sin entenderlo del todo, en la institucionalización de su empresa. Y, aunque ninguna de estas opciones fueran su propósito, también lo sería si el responsable de su conducción buscara nutrirse de experiencias y criterios adicionales a los suyos, que lo impulsaran hacia el crecimiento y a una mayor solidez de su negocio.

Por otro lado, en una economía abierta y competitiva también surgen nuevas oportunidades, como serían las opciones de financiamiento no tradicionales, más diversas, dispuestas al riesgo y a plazos más largos; pero casi todas ellas buscan tener acceso a las tomas de decisiones   ̶ aunque no a la conducción de los negocios ̶   pidiendo uno o varios asientos en los consejos de administración de sus nuevos socios o acreditados. Esas nuevas figuras de apoyo empresarial, por demás interesantes y convenientes, se están topando con una barrera prácticamente infranqueable en los empresarios tradicionales y éstos se frustran por no encontrar la manera de acceder a ellas. No se logran juntar el hambre con las ganas de comer.

Sin embargo, institución y sus palabras derivadas son conceptos un tanto desconocidos, poco usados, y que suenan solemnes y lejanos, sobre todo para las empresas pequeñas; pero, quizá por esa percepción equivocada muy pocos directores generales de empresas, sobre todo sus fundadores, saben en qué consiste y, mucho menos, por dónde empezar y, en su caso, cómo seguir.

Así que la institucionalidad obedece a varios propósitos y todos ellos les dan impulso a las empresas; pero sin duda es demasiado pedir a los empresarios fundadores que piensen en institucionalizar su empresa, cuando aún están en las etapas iniciales y ni siquiera tienen claro si la podrán llevar adelante y su iniciativa empresarial tiene sentido como negocio. Si ese fuera el caso, primero es lo primero y tendrán que remontar la curva del aprendizaje antes de pensar en darle un carácter institucional a una empresa que todavía no tiene clara su razón de ser, ni su éxito.

Eso explica la escasa respuesta que tienen en nuestro medio iniciativas que requieren de la asociación y que, por fortuna, ya empiezan a cuajar en generaciones jóvenes expuestas a otras culturas, como la de los millennials. Ellos, por ejemplo, son más propensos a vincularse con sus compañeros como socios para iniciar emprendimientos, se sienten cómodos trabajando en sitios abiertos de co-working, asisten gustosa y regularmente a sesiones de networking, etc. Es con ellos que tendrán mejor futuro mecanismos de crowfunding, los de Fintech y otras figuras que hacen su aparición como neologismos identificados inicialmente en idiomas de los países donde se han iniciado.

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