QUÉ CONSEJOS NECESITA UN DIRECTOR GENERAL

Cuando la aspiración de un empresario es que su legado le perviva, cuando necesita urgentemente repartir la carga que significa manejar su negocio, estará pensando o requiriendo, quizá sin entenderlo del todo, en la institucionalización de su empresa, y aunque ninguna de estas opciones fueran su propósito, también lo sería si el responsable de su conducción buscara nutrirse de experiencias y criterios adicionales a los suyos, que lo impulsaran hacia el crecimiento y a una mayor solidez de su negocio.

Por otro lado, en una economía abierta y competitiva también surgen nuevas oportunidades, como serían las opciones de financiamiento no tradicionales, más diversas, dispuestas al riesgo y a plazos más largos; pero casi todas ellas buscan tener acceso a las tomas de decisiones   ̶ aunque no a la conducción de los negocios ̶   pidiendo uno o varios asientos en los consejos de administración de sus nuevos socios o acreditados.

Así que la institucionalidad obedece a varios propósitos y todos ellos les dan impulso a las empresas; pero sin duda es demasiado pedir a los empresarios fundadores que piensen en institucionalizar su empresa, cuando aún están en las etapas iniciales y ni siquiera tienen claro si la podrán llevar adelante y su iniciativa empresarial tiene sentido como negocio. Si ese fuera el caso, primero es lo primero y tendrán que remontar la curva del aprendizaje antes de pensar en darle un carácter institucional a una empresa que todavía no tiene clara su razón de ser, ni su éxito.

Pero para las empresas cuyos fundadores no han transitado hasta este punto y mantienen en sus manos el monopolio de las decisiones estratégicas, cuando sólo ellos saben para qué existe el negocio y se guardan el sueño de cómo lo ven en el futuro; cuando no existe una cultura organizacional y no hay alineación hacia un objetivo compartido, hablar de constituir un consejo de administración y de gobernanza corporativa sonará a algo por completo fuera de lugar.

 

Mientras tanto, lo que sí necesitan los empresarios es la oportunidad de cotejar sus ideas, comparar sus experiencias, ampliar su visión y nutrirse de criterios distintos a los suyos; lo que sucede en los consejos consultivos como el que presido de VISTAGE, integrado por dueños o directores generales de empresas medianas, no necesariamente dueños de las empresas, que ya acumulan años de experiencia en la conducción de sus respectivos negocios, todos necesariamente diferentes para no incurrir en conflictos de interés, pero que brindan, en un ambiente de absoluta discreción, sus puntos de vista desde el mismo nivel y perspectiva.

El objetivo de esos consejos consultivos está orientado a las personas que dirigen sus empresas para que sean mejores líderes, tomen mejores decisiones y obtengan mejores resultados; es decir: para que, como personas, mejoren su calidad de vida y, como directivos, incrementen su efectividad.

Puesto que los individuos somos seres integrales y es inevitable que las preocupaciones en el ámbito del trabajo afecten a la familia, de igual manera que las fricciones familiares repercuten en los negocios, los temas que ahí se tratan son de toda índole, alentados por un compromiso solemne de confidencialidad entre sus miembros.

Casi todos sus integrantes son fundadores de sus respectivas empresas (aunque también los hay como ejecutivos contratados) y están muy interesados en que les suceda como beneficiarios de su patrimonio la segunda generación de su familia, en su caso –no necesariamente como sus directivos–  por lo que no resulta extraño que una de las preocupaciones más recurrentes y la más común y profunda entre esos empresarios es, precisamente, la de institucionalizar sus negocios para lograr que su legado perdure.

Esta dificultad se manifiesta, desde las dudas que tienen para delegar, hasta el dilema de en qué manos dejar la conducción de su negocio; parecen cosas distintas, pero son manifestaciones del mismo problema.

Hasta cuando el fundador de una empresa deposite en terceros la responsabilidad de mantener vigente su legado empresarial, los empodere, los guíe en el camino y construya una cultura organizacional alineada con un objetivo compartido, será el momento de constituir un consejo de administración como autoridad colegiada, a la cual se supedite él mismo para la designación de su sucesor y esa autoridad mantenga en lo sucesivo las riendas del negocio.

De otra manera estará montando un teatro que quizá le dé a su empresa una imagen falsa de institucionalidad, pero donde sólo se hace lo que ese jefe quiere. Al morir él, también lo hará su empresa o habrá dejado un problema sin resolver a su segunda generación, aun con un consejo de administración, porque habría puesto la carreta por delante de los bueyes.

Pero mientras se institucionaliza su empresa, más que necesitar un consejo de administración lo que se requiere es un consejo consultivo.

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