NO HAY UN BUEN PRIMERO SIN UN MEJOR SEGUNDO

Si eres el único que está nadando en el Océano Azul, te felicito.  No tienes competencia y tus clientes te necesitan; además, eres innovador.

Pero, aun así, si estás solo al frente de tu empresa estoy seguro de que te estará resultando muy difícil manejarla y hacerla crecer y quizá te sobreviva, pero te auguro que difícilmente lo seguirá haciendo más allá de tu segunda generación.

Además, me imagino que tu calidad de vida y lo acertado de tus decisiones podrían ser mejores si contaras con un segundo de a bordo.

No me refiero necesariamente al candidato para sucederte como director general, sino a quien tenga las capacidades y habilidades necesarias para hacerse cargo de las cuestiones rutinarias u operativas; las que no son relevantes para marcar el rumbo del negocio ni determinar su futuro, sino su marcha cotidiana.

Conforme a mi experiencia (que se enriquece día a día con las de los CEO’s que coordino en consejos consultivos de Vistage), aquéllos directores generales que tienen en quién o quiénes delegar los asuntos operativos y les dan la oportunidad de aprender de sus errores, se pueden enfocar en cuestiones estratégicas, que son su verdadera y trascendente responsabilidad.

Convertirte en hombre orquesta puede sonarles divertido a los demás, pero nunca al que tiene que tocar demasiados instrumentos a la vez, y máxime si los resultados no son los mejores y nadie le aplaude su ejecución.

Parecería un contrasentido, pero la elección de un buen segundo de a bordo determina la calidad del desempeño del primero (como director general, naturalmente); no al revés.

El hecho de que el jefe haga o pretenda hacer todo, tiene sus propias limitaciones; inhibe el interés de los miembros de su equipo en dar lo mejor de si y no los desarrolla. Se quedan “chiquitos” y luego ¡el jefe los culpa por su incapacidad!… Perdón, pero la incapacidad en un caso así es, precisamente, la del jefe.

Todos los seres humanos tenemos defectos y virtudes, que yo prefiero llamar “características” y, en consecuencia, todos servimos para hacer algo bien. Sólo falta tener la oportunidad de desarrollarlas.

Cuando un jefe se enfoca en las características ‒que considera negativas‒ de sus colaboradores, está dejando de lado y desperdiciando su potencial, y el propio, como verdadero estratega. Está aplicando en su perjuicio la llamada “Ley de la atracción” y, por lógica, termina teniendo lo que busca: LO MALO.

Claro que apoyarse en otros para liberarse, como director general, de lo operativo y hacer aquello que impulse estratégicamente su negocio, implica un gran riesgo que muchos no se atreven a tomar, y eso se llama delegar. Pero de eso hablaremos más adelante.