DELEGAR… ¿ESTÁS SEGURO?

Decía en mi blog anterior que resolver la sucesión es, quizá, el mayor problema que enfrentan los CEOs, cuando se acerca la edad o están en ánimo de retirarse.

Así que preguntaba cuál era la verdadera razón de la duda sobre la capacidad del candidato, máxime si éste era (como es lógico que suceda) más joven que él.

¿No será que esa actitud de duda del CEO es, simple y llanamente, por la inseguridad, que le lleva a aferrarse a lo que conoce y le da miedo soltarlo?

Es el miedo, derivado de la falta de seguridad en si mismo, lo que vuelve indecisas a las personas a la hora de soltar las riendas en otras manos, sean las de sus descendientes u otras, quizá tan inexpertas como lo fueron las propias cuando arrancaron el negocio.

Muchas veces se duda de la capacidad del candidato a sucesor, cuando el verdadero problema no está en él, sino en no haberlo preparado para esa responsabilidad. A su vez, el no haberlo hecho va de la mano con no haberle delegado gradualmente cada vez más responsabilidades y, con ello, foguearlo y evaluar su desempeño.

Esto enfoca el problema y su solución en las manos del de arriba, no en las del de abajo. El nombre del juego es la voluntad del jefe y su capacidad para delegar.

Si no dudara de si mismo, tendría certeza y seguridad de qué y en quién delegar.

Habrás observado que, al ascender en la escala jerárquica en la misma área, las personas se sienten cada vez más abrumadas y los mata es estrés. No sucede lo mismo cuando el ascenso es lateral; es decir, cuando se da hacia otra área de trabajo de naturaleza distinta.

Lo que sucede en el primer caso es que, por miedo a lo desconocido, en lugar de soltar la tarea anterior y abrazar la nueva, la persona se aferra a lo que sabe hacer (que le brindó la oportunidad de ascender), agregando sus nuevas responsabilidades a las anteriores, que no se atreve a soltar. Así, no podrá menos que abrumarse y llegar antes de tiempo a su nivel de incompetencia (según lo define el Principio de Peter).

De manera que, ya se trate de prepararle el camino a un sucesor o desembarazarse de las tareas operativas para dedicarse a las cuestiones estratégicas propias de un verdadero Director General, el camino es delegar, y para delegar se requiere seguridad en si mismo.

Aunque pretenciosamente alguien diga lo contrario, por muy capaz que sea el ser humano tiene un límite para aprender. Tiene que ir “des-aprendiendo” (llevarlo a la memoria dormida) para hacerle lugar a lo nuevo.

Y eso no es fácil, porque estamos hechos de paradigmas o cartabones, que se llaman hábitos o actos reflejos y nos evitan tener que aprender desde cero todos los días.

Pero de eso nos ocuparemos luego.