¿CON QUÉ LOBOS APRENDES A AULLAR COMO CEO?

En un blog anterior comentaba que es universalmente cierto que quien está en la cima de una organización, del tamaño que sea, está completamente solo.

Esta soledad tiene sus implicaciones para el CEO: la duda de si las decisiones que tiene en puerta serán acertadas; ver restringido el abanico de opciones a lo que alcance su propio horizonte; no percatarse a tiempo de riesgos que amenazan la supervivencia de su negocio; no contar con quién compartir sus preocupaciones sin que sus respuestas tengan sesgos negativos . . . y la lista sigue.

Si el CEO comenta sus inquietudes con sus colaboradores puede sentir o, de hecho, perder imagen ante ellos y recibir opiniones desviadas hacia lo que ellos creen que el jefe quiere escuchar.  Si les pide ideas a sus socios, en ocasiones podrían incurrir en conflictos de interés y no ser objetivos en sus respuestas u observaciones; como él dirige el negocio, siempre será el responsable ante ellos de sus decisiones y se lo pueden reprochar, a pesar de haberlo aconsejado. Al comentar sus inquietudes con su cónyuge o pareja, seguramente recibirá sugerencias de buena fe;  pero al no tener el conocimiento de causa, sus ideas pueden ser de sentido común, pero quizá resultar irrealizables en la práctica. Sus conversaciones casuales con colegas empresarios,  en un partido de golf o en reuniones sociales, por ejemplo, pueden quedarse en lo superficial y no servirle más que como desahogo, sin recibir de ellos contribuciones prácticas y realizables.

Si cuenta con un Consejo de Administración, éste organismo actuará como lo que debe ser: como autoridad (a no ser que se trate de un grupo de amigos incondicionales); puesto que ese cuerpo colegiado no está para apoyar al Director General de una empresa, sino para salvaguardar los intereses de los accionistas y, en consecuencia, le preocupa el éxito del negocio, no el futuro de la persona que lo dirige. Por lo anterior, el CEO sigue estando solo.

Únicamente quienes tienen las mismas responsabilidades que él son capaces de entenderlo, ponerse en sus zapatos y compartir e intercambiar experiencias que pasen la prueba de los hechos, no simples teorías o intuiciones. O sea, que se trate de pares que, como él, también sean CEO’s.

Pero para que funcione un grupo así, como Consejo Consultivo, deberían cumplirse dos condiciones: que se respete en grado absoluto la confidencialidad y que no haya conflictos de interés entre los integrantes de dicho grupo. Sólo así puede haber la confianza, la transparencia y la objetividad que le den su verdadero valor.

Así sucede y me consta en el consejo consultivo de CEO’s que presido, que: “el que con lobos anda, a aullar aprende”.

¿Te interesa saber cómo funciona el consejo consultivo de VISTAGE que presido?

https://mexico.vistage.com/

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